California tierra de sueños. Segunda parte.

 

Continuamos, con el bonito viaje californiano de nuestros amigos donostiarras, vivencias, olas y amigos.

Todos conocemos la típica ola de Rincón,esa derecha larguísima con distintas secciones y en la que está petado de gente. El parte era perfecto, marcaba un metro con poco viento y un periodo generoso. El problema era que teníamos 3 horas y media mínimo hasta allí ,sin tener en cuenta el tráfico a la hora de pasar los Ángeles.

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Allí que nos fuimos, preparamos la mochila para tres días, las tablas y gps en mano rumbo Rincón. Después de pasar la zona de los Angeles, nos metimos por la costa para tantear Malibú y nos encontramos una olita curiosa y juguetona. Nos pegamos un baño de una hora y pusimos rumbo de nuevo hacia Santa Barbara.

Llegamos a la zona de Rincón, pero antes de llegar a nuestro destino final vimos un piquito que asomaba tímidamente desde la carretera y decidimos acercarnos para ver que contaba. Era una mini playa que tenía un parking para acampar las furgonetas (no recuerdo el nombre de la playa, pero sabría llegar perfectamente a ese lugar de nuevo). Solo había 5 personas en el agua, el agua parecia aceite y salía medio metrillo glassy. Era como un “txikipark”, poca gente y olas perfectas. No dudamos y nos fuimos al agua de cabeza, cuando estábamos entrando al agua salía con su sonrisa de oreja a oreja la guapa de Kassia Meador. Yo la verdad que soy muy despistado para esas cosas y ni me enteré de que salía Kassia, me tiré al agua corriendo sin mirar atrás.

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Estuvimos surfeando los tres hasta que anocheció y nos quedamos solos en el agua. Ese día estábamos muertos , nos habíamos dado dos baños largos y unas cuantas horas de coche y decidimos ir a dormir al pueblo más cercano que se llamaba Carpintería. Llegamos a las 8 de la tarde, dejamos las bolsas y las tablas en el hotel y nos fuimos a cenar por el pueblo. Era el típico pueblo de turisteo de costa, lo que pasa es que ahora no era la época alta y no había un alma por el pueblucho. Justo justo llegamos a cenar y nos metieron un bofetón por la cena de 160 dólares, por tomar pasta y carne…peculiar el asunto.

Al día siguiente nos levantamos a las 7 de la mañana motivadísimos para coger Rincón. Ya sabéis que muchas veces el surfing no está con nosotros y esta vez así fue, llegamos a Rincón y nos encontramos una playa donde había saltado el viento y se puso tan guarro que daba hasta pena verlo.

Lo primero que hicimos fue irnos a tomar un café para coger wifi y revisar de nuevo las previs en el magicseaweed y estas nos contaban que el viento iba a ir bajando a lo largo de la tarde y que posiblemente podríamos tener un baño a última hora .

Hacía las 18:00 de la tarde nos acercamos a la playa. Al llegar al parking nos dimos cuenta que ambiente no faltaba y que algo se cocía ahí abajo. El viento había parado, fuimos bajando por el caminito típico de Rincón hasta llegar a la playa. Allí nos esperaba una derecha interminable, con distintas secciones y para ser Rincón, no había mucha gente. En las rocas había grupetes de amigos viendo el “sunset” y luego 3 señores de cierta edad (posiblemente los más locales del lugar) que estaban con unas cervezas después de meterse el baño rutinario.P1030932

 

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¿¿Qué se puede decir de la ola?? Es mágica, fluye sola y es larga y divertida. Si no pasas algunas de las secciones y vas sin leash,seguramente te acuerdes del lugar…Porque, perdonarme la expresión, pero es una putada bajar a por la tabla hasta abajo y pasar por las rocas. Como de costumbre, surfeamos hasta que se fue el sol .

Después de pasar dos días por Santa Barbara, decidimos empezar a bajar hacia San Diego por la PCH y parar a surfear donde viéramos buenas olas. Primero paramos en New Port , huntington, San Onofre y vuelta a San Diego.

Los últimos días los pasamos por Cardiff y Swamis, surfeando y empapándonos de la cultura surfing californiana y comprobando que aún nos queda mucho que aprender en Europa de dicha cultura, el surf se vive allí en familia, disfrutando varias generaciones del mar, las olas y el deslizamiento, cosa para ellos de lo mas normal y cotidiano.

Autor : Diego Moro

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